29 agosto 2015

El Salmón y el Niño

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El Salmón y en Niño
El Salmón y el niño Mika miraba fuera de la cabaña mientras esperaba a su abuelo. Estaba muy ilusionado con la perspectiva de que ya había llegado el sábado, por fin el dia en que ambos iban a pescar por primera vez salmones. Se estaba preguntando si se le habría olvidado cuando de repente a lo lejos, pudo ver su silueta recortada contra la hierba que crecia fresca, al principio pequeñita pero poco a poco cada vez más grande. Con paso cansino pero aún firme el abuelo llegaba a la casa de los padres de Mika. Con ilusión, el niño comprobó que traía una cesta de pesca y una gran caña de madera de cerezo. Algún día, le había prometido su abuelo, le regalaria la caña que a su vez su padre le habia regalado a él. Abuelo: ¡Hola Mikal ¿Qué haces mirando todavía por la ventana?, acercate y ayúdame con esta cesta y dile a tu madre que hoy nos vamos a pescar salmones, para que se prepare a nuestra vuelta -Le dijo alborotándole el pelo a Mika cariñosamente. Madre: -Alzando la voz y llamándole-Mika! ¡Mika! No olvides que no debes coger salmones pequeños -Le dijo sonriendo. Mika: No no, madre, aunque para mi un salmón pequeño ya es bastante grande para sacarle un buen bocado. Madre: Pero Mika, ¿no me escuchas?, los salmones deben ser grandes, para que todo este bien y podamos disfrutarlos todos, como siempre hemos hecho -Y mirándole con cariño, apostilló como adivinando sus pensamientos-No te preocupes, el abuelo te ayudará a sostener la caña si se engancha uno. Y asi es cómo Mika y su abuelo partieron hacia las montañas donde estaban los mejores salmones. Caminaron y caminaron durante un largo trecho, y Mika se sentía exhausto, aunque sabia que el esfuerzo merecería la pena, estaba muy contento y excitado. Por fin, llegaron a un remanso del rio tras caminar horas y horas entre matojos y árboles más altos que varias casas de madera. Al llegar Mika, vio una piedra en la orilla del rio que le pareció preciosa. Era redondita y tenía unas incrustaciones brillantes amarillas, se acercó y la cogió. La levantó sonriente enseñandosela a su abuelo. Abuelo: Pero Mika, ¿dónde encontraste estol, pero si parece -La voz del abuelo era temblorosa, parece… Oro! -El abuelo la observó más detenidamente y tras un examen más concienzudo, se la devolvió a Mika diciendo- No Mika, me he confundido, es pirita, pero guardala, te traerá buena suerte. Mika sonrió y se disponia a guardarla en su chaleco, cuando tropezó levemente, y la piedra se le cayó de las manos rodando. Con un sonido hueco, de chapoteo, regresó al rio donde desapareció como un piñón hubiera desaparecido el dia de navidad en la boca de Mika. Sin dejar rastro. Abuelo: No te apures-le dijo viendo su cara de decepción-encontrarás más piedras como esa, por aquísupongo que deben de abundar. Mika hizo una mueca lamentándolo, y en ese momento desvió la mirada del punto donde la piedra habia caído, hacia un lado un poco más a la izquierda. Se quedó boquiabierto: un esplendido salmón había brotado de las aguas con singular agilidad, como si se tratara de una gran ardilla, pero de agua. Mika: Mira abuelo, abuelito, ¿lo has visto? Abuelo: ¡Si! Es un salmón realmente grande, jamás vi uno igual, parecía tener el tamaño de tres salmones corrientes. Pásame la caña y la cajita de moscas que tengo guardada en la cesta. El Abuelo lanzó la caña extremadamente larga, no como las de hoy en día, haciendo un verdadero ejercicio atlético que dejó boquiabierto a Mika. De repente un fortisimo tirón casi arrastró al anciano al río, pero éste resistió el embate y fue reduciendo lentamente al animal. Asi peleó con el gran pez durante lo que a Mika le pareció mucho, mucho tiempo.

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Abuelo: Ahora Mika acercame la red-Dijo entre jadeos.

Mika a la velocidad del rayo le acercó una densa red que estaba cuidadosamente doblada en el interior de la cesta. Y el abuelo se preparó para hacer un último y titánico esfuerzo. El salmón quedó tendido saliendo del río como una gran mole cimbreante. Rápidamente el abuelo, le arrojó la red, para inmovilizar al animal.
El abuelo estaba tan feliz que se podría decir que hubiera rejuvenecido 10 o 20 años. Sus ojos estaban muy brillantes y reia a grandes carcajadas.

Abuelo: Niño éste es el pez más grande que jamás pesqué, esa piedra que encontraste sin duda nos ha traído suerte, sólo con este pez podemos volver a casa más que satisfechos, ha sido un dia magnífico -Era verano, ? hacia bastante calor, asi que el abuelo fue detrás de unos árboles a descansar un rato de la lucha y comer un trozo de carne seca que había traído en la cesta. Con gesto picaro le dijo a Mika- No le quites un ojo de encima mientras recupero fuerzas, y si se mueve ?dale con un palo!
Mika, asintió con la cabeza, mientras observaba al gran salmón aún dando coletazos feroces sobre la orilla, enredado en la red, pero cada vez con menos frecuencia. En ese momento, a Mika, le pareció oir una voz que le llamaba
-Niño apresúrate, acercate aqui!- oyó como la voz decía, pero nadie parecía haber en el contorno más que él, el pez, y su abuelo allá lejos detrás de un árbol.

Salmón: Si niño he sido yo, date prisa y quitame esta red, o no podré guiar a los otros y aún queda mucho hasta el nacimiento del rio.

Mika se quedó boquiabierto, no podia creer lo que estaba oyendo. Cogió el palo como para rematar al animal, aunque la idea le producia una gran inquietud.

Mika: De inmediato respondió. No puedo hacer eso, mi abuelo, se enfurecería, me daría una soberana paliza y con razón, me temo que eres nuestra cena, y por tu tamaño también el almuerzo, de mañana, y la cena de pasado mañana.

Salmón: Tú tienes la culpa esa piedra con la pepita de oro incrustada que moviste en el rio me desoriento por un momento.

Mika: Oro dices? No, oro no es, ya la miró mi abuelo. Mientes, para escapar.

Salmón: Te digo la verdad, asi me enseñó mi padre y así enseñaré a mi hijo el camino de regreso. Menos mal que la tiraste de nuevo al río, al menos otros no se perderán.

Mika: ¿Pero cómo es posible que sea de oro?

Salmón: No tenemos mucho tiempo, harémos una cosa, si me devuelves al río haré que llegue de nuevo a ti, y de este modo pagaré mi rescate.

Mika: Bien. A nosotros la verdad es que el oro nos vendría mejor. Deacuerdo entonces, lo haré asi ¿pero cuando tendré la piedra?

Salmón: Regresa en invierno, y la tendrás en el mismo punto donde la encontraste. Te diré además que si la lavas bien, verás que es una pepita sólida de oro.

Mika liberó con mucho esfuerzo la red que aprisionaba al salmón, éste, parecía totalmente muerto, aunque sus escamas relumbraban aún al sol, mojadas y algo gelatinosas. Pero inmediatamente de ser liberado, dio un inmenso coletazo y se precipitó sobre el río con un sonoro chapoteo.

Salmón: A tu abuelo pregúntale por el cerezo nevado E inmediatamente desapareció a gran velocidad bajo las aguas.

Abuelo: Mika! ¡Mika! -Gritó el abuelo acercándose a la carrera- ¡Qué ha sucedido con el salmón, ya no está

Mika: No lo se abuelo -Dijo temiendo una gran reprimenda, pero se le iluminaron brevemente los ojos al recordar- Estaba y ya no está! Por cierto abuelo, sabes algo de un ¿cerezo nevado?

Abuelo: Ermmm-Atacado por algo, las piernas le temblabam- No.. no, creo que… -Sübitamente se levantó-Aqui no hay cerezos nevados, lo único de cerezo que hay es la madera de esta caña-dijo abrutamente-. Volvamos a casa, cazaremos alguna ardilla por el camino y ésa será nuestra cena.

El abuelo estaba claramente consternado, pero no tenían otra cosa que hacer y, cuando pasaban por un bosquecillo menos espeso, su abuelo abatió varias ardillas, que aseguró con cueros sobre su espalda y volvieron a casa.
Esa noche no se habló mucho en la casa. No había habido pesca y las ardillas apenas si alcanzaban para dar un pequeño bocado, aunque como el era pequeño, no se sintió tan incomodo con la prespectiva de cenar sólo ardilla, con unas gachas algo rancias. Tampoco tenia costumbre de comer gachas frescas por lo que no echó su sabor de menos.
Su abuelo repetía el cerezo nevado, el cerezo nevado, entre murmullos, y su madre le miraba con extrañeza.

Mika: Madre, ¿qué es lo que murmura el abuelo?

Madre de Mika: Recuerdo que siendo niña el abuelo me contó una historia sobre cómo en invierno, estando con su padre de caza, encontró un cerezo nevado, que abatió con el hacha y del que hizo leña y la caña que ahora usa para pescar. Quizá tenga que ver con eso.

Mika: ¿Pero qué tenía de especial el cerezo?

Madre: Es una historia un tanto descabellada, parece que desde el cerezo, según nos contó, escuchó una voz que advirtió al padre de tu abuelo que si dañaban el cerezo, seríamos siempre pobres, porque no entenderíamos el sentido de la vida que está oculto en el agua. Por lo demás, nunca se ha vuelto a ver en la región un cerezo, así que debía de ser el último en aquel tiempo, y eso si debe ser cierto, porque la caña es de madera de cerezo.

Mika: Ermm, es una historia, curiosa, pero la verdad es que yo no sabia que éramos pobres, sólo pensaba que todo había sido siempre asi.

Madre: Tal vez tengas razón Mika -Y sonriendole le dio un beso en la frente.

Pasaron las estaciones y se aproximó el invierno. Aquel año no había nevado tanto como de costumbre, pero sí había hecho mucho frio. Mika ya había pasado la prueba del salmón, aunque secretamente él lo hubiera devuelto al rio, pero ya se le podia considerar un adulto. Asi que una mañana decidio regresar a aquella parte del rio sin que nadie lo viera. Cuando llegó, se encontró que el rio estaba congelado, pero podia reconocer aquella región como la palma de su mano, y sabía el punto exacto donde soltó el salmón. Así que camino y camino, más ligero que con su abuelo, pero no sin bastante esfuerzo, pues aquellas montañas eran muy escarpadas, aún para él.
Al llegar al punto, observó con asombro una placa de hielo totalmente transparente y delgada en las márgenes, aunque todavía lo suficientemente consistente para soportar su peso, haciéndose más gruesa en el centro del rio.
Se acercó no sin cierto cuidado, y empezó a buscar, cuando algo destelló, allá abajo en el río donde el agua se podía ver liquida. Debajo había un gran salmón nadando en circulos.

Mika: ¡Es…, es mi piedral-Mirando a través del hielo..

El salmón dio un bandazo con la cola contra el hielo y dejó un agujero, cerca de Mika. Por donde se asomó levemente.

Salmón: Como ves he cumplido mi parte del trato, aqui tienes tu pepita de oro. Me quedé todo el año aqui hasta que se hizo el invierno, pues soy el centinela de este paso. Si cogieras la pepita otros se extraviarian, pero si decides dejarla, cada año en verano dejar? junto a ella una menor, que podrás llevarte.

Mika: ¿Es eso verdad?

Salmón: Los humanos dudáis mucho de lo que es verdad y no es verdad. Para vosotros, la verdad es cómo esta pepita que arrojas al rio en verano y vuelves a buscar en invierno, pero si nadie la cuida, puede dejar de estar. Para nosotros la verdad, es bien diferente, es cómo el agua del río, donde vivimos y seguimos los ciclos del tiempo, muriendo y renaciendo en su lecho.

Mika: Si fuera salmón tendría por verdad el agua, pero como soy hombre acepto en regresar cada año, no cazaré más salmones, pero en su lugar espero encontrar una pepita con la que poder saciar el hambre y quiz? algo más.

Salmón: Bien. Pero recuerda que si cogieras una pepita y mataras un salmón al mismo tiempo, no volveremos a traerte pepitas, y seguireis siendo cada vez más pobres de generación en generación. Pues lo que el hombre no sabe es que no ha de imponer su verdad cuando la naturaleza tiene tantas verdades inarticuladas de sonidos humanos, pero tan vistosas y variadas como el arco iris. Y puedes decir a tu abuelo que el cerezo nevado, era el último y su agua de vida quedo seca y alimentada por la vida de tus mayores. Ahora tú llevas nuestra agua de vida.

Mika se fue. El siguiente verano regresó al lago y encontró una pepita de oro, que llevó a su familia. Todos estaban alborotados de felicidad. Iban a dejar de ser pobres.

Un día el abuelo estaba en trance de morir y mandó llamar a Mika.

Abuelo: Ya eres un hombre, me he acordado mucho del cerezo nevado, como última voluntad, te pido que ahora que no somos pobres, viajes allá donde haya cerezos y plantes uno justo al pie del rio, porque he comprendido que la vida es cómo el fluir del agua y el retorno del salmón cada año. Debemos reponer aquello de lo que nos servimos, para que un dia no nos encontremos en la situación de estar sólos con nosotros mismos.

Mika: Asi lo haré abuelo.

Y diciendo esto, vio como su abuelo exalaba su último aliento con un semblante de serenidad que se convirtió en algo más que un gesto, y llenó su vida el resto de sus dias.
Mika contaria esta historia a sus nietos muchas veces, pues tuvo muchos, y les recordaba siempre al final, como repitiendo para si mismo, no somos polvo de rocas, somos agua de vida.